Ansiedad en el agua

07.07.2014 23:18

La natación suele ser el principal temor de aquellos deportistas que quieren iniciarse en el triatlón, así como triatletas que tienen que retirarse de sus pruebas por la angustia de encontrarse en aguas abiertas.

Llega el día de ese triatlón que te has preparado con toda la ilusión durante meses, pero algo sucede en nosotros que hace que ese sueño de triatleta acabe incluso antes de empezar. ¿Qué nos ocurre?, ¿de qué estamos hablando?, ¿estamos ante un problema físico o de naturaleza psicológica?, ¿es la mezcla de ambas?. Lo que es seguro es que nos impide competir y disfrutar del triatlón.
 
El tema que vamos a tratar hoy es una problemática que se da mucho más a menudo de lo que creemos. Se trata de una situación que nos ocurre a todas las personas y por supuesto también a los deportistas antes de las competiciones, ya sean categoría élite o popular. Todos nos hemos visto alguna vez teniendo que ajustar nuestro nivel de activación.
 
Puede suceder días antes, o justo el día de una prueba, incluso unos minutos antes de la salida: hoy vamos a conocer qué es la ansiedad. La ansiedad es un estado emocional negativo con un componente de pensamiento de aprensión, nerviosismo, preocupación, miedo (ansiedad cognitiva) y con un componente físico, sudores, alteraciones en el ritmo cardiaco, tensión muscular (ansiedad somática)… Este fenómeno, al contrario de lo que se cree, es totalmente normal y está presente tanto en nuestra naturaleza humana como en la animal. De hecho, es parte esencial de nuestro instinto de supervivencia. Siempre está. Pero se manifiesta en diferente grado según las personas y momentos de la vida.
 
Y es que la respuesta es individual, cada persona lo vive de una manera distinta aunque el estímulo sea el mismo. No hay que asustarse, no estamos hablando de ninguna “patología”. Simplemente es una respuesta de nuestro organismo. Ante una situación de alarma la adrenalina entra en juego y provoca una cadena de reacciones para preparar al cuerpo ante el estímulo que es percibido como un riesgo.
 
En este caso el peligro es el agua, es la natación en aguas abiertas, es la salida de ese triatlón que has preparado con cuidado, es el comienzo del reto, es el desafío. En este proceso no hay ningún mecanismo consciente. Es la adrenalina la que pone en marcha una serie de cambios en el organismo que permite una respuesta inmediata. ¡Es PERFECTO!, la mente y el cuerpo están preparados de forma automática para competir! Pero…, he aquí el problema, si este mecanismo responde de forma exagerada, entonces se produce el bloqueo de cuerpo y mente que hace que nuestra competición se trunque. Se produce un desequilibrio entre la gravedad del peligro y la respuesta que genera.
 
Qué hacer ante esto no tiene fácil solución. Desde fuera, cuando no lo vivimos en primera persona parece fácil, pero hay que verse en esta tesitura para saber qué hacer y cómo actuar cuando nos asfixiamos dentro de un traje de neopreno en mitad del mar… Parece lógico que el primer paso es conocer cuál es nuestro “peligro”. Pensar un poquito y analizar cuál es realmente el desencadenante de esa respuesta exagerada. De esta manera se podrá encontrar la solución antes.
 
PONGAMOS NOMBRE A ESOS MIEDOS
No saber si somos capaces de nadar la distancia en aguas abiertas.
Nadar con mucha gente.
Que nos den un golpe y nos quiten las gafas.
El excesivo frío del agua.
Las expectativas que han creado sobre ti, amigos, familia, o simplemente uno mismo.
El ambiente competitivo de la prueba.
Tirarse de cabeza desde el pontón.
Perdernos y nadar más de la cuenta por no ver las boyas
Las olas, la inmensidad del mar.
Las 'sombras' y extraños bultos que se pueden llegar a ver en el fondo, etc.
Todo esto y más lo sentimos como amenazas muy reales. Amenazas hacia nuestra integridad física, hacia nuestra “vida”, o amenazas hacia nuestros logros, hacia nuestro “éxito”.
 
IDENTIFIQUEMOS LAS RESPUESTAS DE NUESTRO CUERPO-MENTE
Reconocer las señales es parte del proceso para salir airoso de los momentos críticos. Seguro que alguna vez te has sentido ante una competición en el agua con:
Palpitaciones
Sudores
Temblores
Tensión muscular elevada y no justificada
Problemas estomacales
Necesidad de ir al baño continuamente
Dolor de cabeza
Boca seca
Manos frías y pegajosas
Dificultad para dormir
Problemas de concentración
Mirada perdida
Irascibilidad
Torpeza
Todas son reacciones propias de situaciones de ansiedad. Acéptalas como lo que son, señales.
 
SOLUCIONES. QUÉ HACER CUANDO EL MOMENTO CRÍTICO APARECE DURANTE LA COMPETICIÓN
Si a pesar de todo, se da esa respuesta desmedida en el agua, si ves que las piernas se bloquean y te pesan; si notas que comienzas a hiperventilar; si el neopreno no te deja respirar… debes buscar la salida. Salte del mogollón, nada a braza o a espalda, busca la  tranquilidad en el control de la respiración. A partir de ese momento deja pasar el tiempo que necesites y cuando te encuentres sereno, retoma tu nado y continúa con la competición. Si las piernas no pueden, podrán los brazos. Si hay algo que funciona piensa y “apóyate” en lo que va bien.
 
1. Días antes de la prueba
Entrenar en situaciones simuladas. Aprovecha las vacaciones para nadar en aguas abiertas. Nadar en el mar paralelo a la playa es el primer paso para ganar seguridad.
“Toma olas” como cuando eras pequeño, disfruta del mar.
Juega en el agua. En la sesiones de piscina juega a ponerte y quitarte las gafas.
Comparte la calle con muchos compañeros para sentir el “calor humano” al nadar.
Aprende a tirarte de cabeza. Desde parado y con carrera previa. Prueba a hacer entradas en el agua corriendo. Haz salidas desde parado en diferentes posiciones.
Prueba el material que usaras en la competición y asegúrate que es el idóneo para ti y para esa prueba.
Prevé cualquier situación y lleva lo que sea necesario para solucionar el problema que surja. Lleva 2-3 juegos de gafas por si se rompen gomas, por si hace demasiado sol, o está nublado, etc.
Haz competiciones más controladas. Travesías cortas con amigos que te acompañen.
Un sistema eficaz para quitarte el miedo a nadar en el mar es ¡jugando! Aprovecha que es verano y es fácil hacer snorkel. Antes o después de entrenar dedícale un tiempo a nadar reconociendo el fondo marino. Sólo conociéndolo un poco más serás capaz de quitarte esa ansiedad por miedo a lo desconocido. Recomendamos hacerlo en grupos o por parejas, recuerda que un conjunto de snorkel está compuesto por gafas, tuba y aletas. Si vas con neopreno recuerda que tendrás protección frente a picaduras de medusa y tampoco te 'azotará' la radiación solar. Pero si en un momento decides bucear te en cuenta que el neopreno te ofrecerá cierta resistencia al hundimiento.
 
2. El día antes
Apréndete el circuito de natación.
Reconoce el lugar donde se hará la prueba.
Nada en el agua con algún amigo.
Para y busca referencias en cada boya.
 
3. El día de la prueba
Respira profundo y pausadamente, incluso con los ojos cerrados. Que sea una respiración de tipo abdominal, pon la atención en ese ritmo respiratorio.
Busca el momento para estar solo, centrado en ti mismo.
Créate una rutina de pre-competición y hazla según lo tengas pensado.
Visualiza. Intenta “imaginarte” en el agua, nadando al ritmo que tu quieres, en el lugar que tu quieres, y siente como el agua forma parte de ese nado. Repasa el circuito metro a metro.
Saca partido de los pequeños problemas que se presenten. Dale la vuelta y busca cómo ese problema puede ser beneficioso para tí.
 
 
UNOS CUANTOS TRUCOS MÁS
 
Cuando notes los primeros atisbos físicos de esa ansiedad, ya sea cuando estás preparando tu material en el área de transición o cuando te estés poniendo el traje… Para, y piensa en tus pies. Piensa cómo están, cómo es su apoyo en el suelo, qué hay bajo ellos. Es una manera de asentarte, de centrarte en lo seguro.
Llega con tiempo para preparar todo el “pre” competición, sin prisa y calienta despacio. El calentamiento siempre es la mejor manera de descargar el exceso de activación y de ajustar el nivel de adrenalina.
Ante la espera de la señal de salida, haz respiraciones profundas y pausadas. Ajusta el ritmo cardíaco.
Escucha música. La que más te guste. Aprovecha el ritmo para subir y bajar la activación.
Busca a la persona que con su presencia te dé tranquilidad, amigo, pareja, entrenador... Aquel que necesites y comparte con él/ella tus miedos. Verbaliza. Escúchate el problema y la solución que tengas para él.
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